Ir al contenido principal

¿Dónde estabas?

                                             
                                     
¡Qué risa más suave y dulce!,
exclamó, mientras se perdía en sus facciones,
y en sus confitadas acciones. 
¿Dónde estabas?, Preguntó, el poeta exorbitado,
ella, respondió con una risa, un poco descuidada,
¿No recuerdas, poeta obstinado, que me tenías abandonada,
enganchado al placer y a las relaciones abocadas?.
sumergido en la duda que se presentaba, dijo
¿Qué puedo hacer, para recuperar tu amor agridulce? 
ella, un poco despechada, se acostó en su diván.
Cariño, ámate y olvídate de amores que arrastrarán
por el suelo, tus apreciables sueños.
Eres tú, quien debes comprenderte y quererte,
elevar este raro amor inerte,
que vierte aguardiente.
¿Quién quiere a la suerte?.
Pues nunca te abandonaré,
incluso a la muerte,
te acompañaré.
recitó, la lujuriosa amante,
mientras se inclinaba a besarle.
El poeta encandilado, la desvistió suavemente,
entretanto, le acariciaba la pureza de su tez,
¡Qué insensatez!,
haberte abandonado por cualquier placer.
A partir de ese momento,
empezó a consumir amor propio,
como si de opio, se tratase. 


                                                       -Varo

Comentarios

Entradas populares de este blog

Atrévete y lánzate; ¿No ves, que no te voy a dejar caer?

Yo, que soy un hombre de pocas palabras, que prefiero decirlo todo, con una mirada, y sin darme cuenta, hasta a mis peores enemigos, les termino hablando de tu sonrisa.                                                           -  Varo             

Cuaderno de bitácora de supervivencia. Capítulo 1

    Suena el despertador, me levanto soñoliento, desubicado y con dificultad, debido a que la pesadez de mis párpados me invitaban a reencontrarme con lo vivido aquella noche.     Me siento en el borde de la cama cabizbajo, auto engañándome de que algún remoto día ocurrirá, puesto que aquel sueño se volvía más tangible cada noche y, sin yo saberlo, se convertiría en el portal de mi descenso hacia la locura. Fui hacia la cocina a prepararme un bocadillo para desayuna sin dejar de darle vueltas al tema que me substraía de la realidad y del cual solo sospechaba que comprendía una décima parte.     De camino hacia la facultad, la monotonía se apoderó de mi de nuevo, dejando a un lado lo soñado aunque sin evitar el surgimiento de secuelas en mi cabeza que cobraron vida en forma de pregunta: ¿Lo estaré haciendo bien?, ¿Por qué? Y sobre todo ¿Es esto realmente lo que quiero?.     Para poder entender esto me di cuenta que lo primero que...

Hoy, soledad.

Hoy, soledad. Soledad de almas, no de compañía. Soledad de cuerpos vacíos llenos de humo. Raíces muertas en el alma, que pudren la sangre transformándola en  miedo, bombeado por el corazón  y llegando al último rincón del cuerpo. Dejando la consciencia sometida, como un mar sin vida, como el cielo estrellado de una ciudad. Pasa el tiempo, y los miedos brotan bajo la almohada, llevándote como un lazarillo a un ciego, acercándose sigilosos,  como el río caudaloso sobre las copas de los árboles. Mientras, el sol se muestra indiferente a la vida, inconsciente de lo imprescindible de su existencia.                                                                                Fini.