Ir al contenido principal

¿Qué hubiese sido del mundo, si no me llegas a detener?



   Podría provocar una revolución, derrocar a un gobierno pusilánime, construir ladrillo a ladrillo un mundo mejor, donde ser libres, donde cambiar el afán de ganar dinero, por las ganas de dar y obtener placer, que cada demonio rezara a su dios preferido, que se extinga la palabra trabajador y esclavo (hoy en día no se cual es la diferencia), que el disentimiento entre géneros sirva para conocerse mejor, que la raza sea motivo para juntarnos más, que el pobre que pide ayuda, no sea motivo de beneficio bancario, que el animal que sufre, no sea motivo de diversión, un lugar donde... pero vuelve a venir (interrumpiendo mi prosa, mientras el cigarro se consume y el vino se calienta) con esos pitillos ajustados y esa camiseta acortada, donde deja ver en ciertos movimientos, la libertad deseada plasmada en su piel, como un depredador acechando a su presa, con cierta sutileza, se me acerca y me dice, "Alvarito ¿No me vas a decir nada?" mascando chicle con cierta chulería y sabiendo perfectamente la respuesta, con esa sonrisa que me tiene y esa forma de mirar...

¿Quién no dejaría los principios en el bolsillo, enredándose como auriculares? 

¡Qué comience la revolución! (Me susurró al oído). 
                                                                                                                 - Varo
                                                                                                                  

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Atrévete y lánzate; ¿No ves, que no te voy a dejar caer?

Yo, que soy un hombre de pocas palabras, que prefiero decirlo todo, con una mirada, y sin darme cuenta, hasta a mis peores enemigos, les termino hablando de tu sonrisa.                                                           -  Varo             

Cuaderno de bitácora de supervivencia. Capítulo 1

    Suena el despertador, me levanto soñoliento, desubicado y con dificultad, debido a que la pesadez de mis párpados me invitaban a reencontrarme con lo vivido aquella noche.     Me siento en el borde de la cama cabizbajo, auto engañándome de que algún remoto día ocurrirá, puesto que aquel sueño se volvía más tangible cada noche y, sin yo saberlo, se convertiría en el portal de mi descenso hacia la locura. Fui hacia la cocina a prepararme un bocadillo para desayuna sin dejar de darle vueltas al tema que me substraía de la realidad y del cual solo sospechaba que comprendía una décima parte.     De camino hacia la facultad, la monotonía se apoderó de mi de nuevo, dejando a un lado lo soñado aunque sin evitar el surgimiento de secuelas en mi cabeza que cobraron vida en forma de pregunta: ¿Lo estaré haciendo bien?, ¿Por qué? Y sobre todo ¿Es esto realmente lo que quiero?.     Para poder entender esto me di cuenta que lo primero que...

Hoy, soledad.

Hoy, soledad. Soledad de almas, no de compañía. Soledad de cuerpos vacíos llenos de humo. Raíces muertas en el alma, que pudren la sangre transformándola en  miedo, bombeado por el corazón  y llegando al último rincón del cuerpo. Dejando la consciencia sometida, como un mar sin vida, como el cielo estrellado de una ciudad. Pasa el tiempo, y los miedos brotan bajo la almohada, llevándote como un lazarillo a un ciego, acercándose sigilosos,  como el río caudaloso sobre las copas de los árboles. Mientras, el sol se muestra indiferente a la vida, inconsciente de lo imprescindible de su existencia.                                                                                Fini.