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Atrévete y lánzate; ¿No ves, que no te voy a dejar caer?

Yo, que soy un hombre de pocas palabras, que prefiero decirlo todo, con una mirada, y sin darme cuenta, hasta a mis peores enemigos, les termino hablando de tu sonrisa.                                                           -  Varo             

Cuaderno de bitácora de supervivencia. Capítulo 4.

                                  Foto: Carmen Parla     Aquella gran ciudad tenía rincones fabulosos que no visitaba desde mi niñez en un viaje con mi familia. El parque del retiro, me recordaba a la conversaciones que manteníamos mi padre y yo quizás demasiado profundo para aquella edad y que intentaba transmitirlas mediante fabulas para mi mejor comprensión. Él siempre me decía: “La vida es como una partida de ajedrez, afrontar los problemas del día te hace evolucionar, ver las cosas con otra perspectiva y aumentar tu capacidad resolutiva”.     Odio aceptarlo pero llevaba mucha razón, y como en las mejores partidas de ajedrez debería de sacrificar la dama para poder ganar la partida. Ya que, como cabía de esperar, el paseo por aquel maravilloso parque lleno de parejas en barca me hizo recordarla. Acto seguido, me percaté que era la hora de comer, cogí una lata de melva...

¿Qué hubiese sido del mundo, si no me llegas a detener?

    Podría provocar una revolución, derrocar a un gobierno pusilánime, construir ladrillo a ladrillo un mundo mejor, donde ser libres, donde cambiar el afán de ganar dinero, por las ganas de dar y obtener placer, que cada demonio rezara a su dios preferido, que se extinga la palabra trabajador y esclavo (hoy en día no se cual es la diferencia), que el disentimiento entre géneros sirva para conocerse mejor, que la raza sea motivo para juntarnos más, que el pobre que pide ayuda, no sea motivo de beneficio bancario, que el animal que sufre, no sea motivo de diversión, un lugar donde... pero vuelve a venir (interrumpiendo mi prosa, mientras el cigarro se consume y el vino se calienta) con esos pitillos ajustados y esa camiseta acortada, donde deja ver en ciertos movimientos, la libertad deseada plasmada en su piel, como un depredador acechando a su presa, con cierta sutileza, se me acerca y me dice, "Alvarito ¿No me vas a decir nada?" mascando chicle con cierta chulería y sabi...

TORMENTA

Tempestad, tremenda tempestad. Pasa, moja, y se va. Dejando su recuerdo y su miedo, la oscuridad y la penumbra. El rastro de nubes grises. el parpadeo del sol, que temeroso huye. La humedad que rompe los muros. Agua que cala, agua que cae, agua que inunda todo a su paso, agua que limpia pero deja rastro. Sabor oscuro, triste aguacero  que empapa la madrugada. Abrazos de frío, fría soledad. Todos se ahogan, todos ceden, Desde el soldado más valiente  Al hombre más poderoso. El trueno los esconde y los asusta, el trueno los parte y los chamusca. Luz helada y cegadora que nubla la vida. Nadie puede con la tormenta, nadie puede con su daño, nadie resiste al pensamiento, que de grises y negros distorsiona la hipócrita realidad. tu tormenta, tu pensamiento.                                             ...

Índice prepaginado del cierto Malabar

Hoy, quisiera besarle los pies al santo. Quisiera confesarme y condenarme, Confesar las verdades más negras, Y condenarme por no guardarlas. Hoy. Quisiera morir de abrasador amor. Romper la línea que no nos compromete. Besar hasta el vaho que suelta tu aliento. Mirar las palabras que arden en tu fuego Hoy. Quiero desgarrar la cordura de mi pecho. Independizarme de mi y de lo que me retiene, Clarificar mi estado emocional para derrotar a los muros, Y callar la boca al santo, Al que bese los pies. Hoy, Quiero y exijo mi triunfo y gloria particular. A costa de cualquier apéndice, Sin miramientos temblorosos e irracionales. Con suficientes recursos como para desnudar al Everest. Hoy. Hoy quiero corromper la inaudita ira. Que tanto mal inyecta a la vida, Seria y poderosa envidia malhechora de verdades mentirosas. Envidia, Pecado mortal que corrompe el pecho y las ideas puras. Hoy. Llamaré a la puerta de la seriedad para dejarle un incan...

Cuaderno de bitácora de supervivencia. Capítulo 3

Aquella noche heló bastante en mi zona, así que pensé en refugiarme en el parking de la parada de autobuses hasta que saliera el primer autobús de la mañana con un destino medianamente lejano, puesto que temía ser visto por algunos conocidos. Para combatir el frío, me abrigué con las capas de ropa que traía como si de una cebolla se tratase. La otra ropa que no utilicé para abrigarme, la use para mullir más la mochila que me sirvió de almohada para pasar esa noche resguardada de las adversidades ambientales. Finalmente conseguí conciliar el sueño observando un charco de aceite de motor producido por algunos autobuses que habían transitado el lugar ese mismo día, preguntándome que estaría haciendo ella ahora mismo.         A la mañana siguiente salió el primer bus con dirección a Madrid, con algunos ahorrillos que tenía guardado conseguí pagar el viaje siendo precavido de no ser visto por ninguna persona del pueblo. Dentro del autobús me senté solo, concienc...

Entre Versos y Besos, un poco de Absenta

¿De qué infierno has salido?, ¿O es del cielo, de donde has descendido?, gitana de pelo azabache. Sobre tu cabeza, una corona de romero hechicera, que corazones almacena atraídos, por tu olor a hierbabuena. Tu piel incandescente, tu saliva efervescente  ¿Qué haces enamorándote? de un simple mortal, tan inmoral. (Tus besos son absenta, gloria para un poeta) ¡Por favor, no me ruegues que me quede! o al desastre abocaría, todo abandonaría. Intenté detenerte, que no cayeses de ti adueñarme y no soltarte  llegué a comprender, que no me perteneces que solo soy amo, de lo que vivo a tu lado que tu recuerdo, me convierte en esclavo y yo quiero ser réprobo, de tus atardeceres, de lo que adoleces, de tus locos amaneceres, de cuando compadeces, de cuando desobedeces y enfureces menos mal, porque nunca envejeces. Me agobiaría, me ahogaría y me aferraría ¿Sin ti?. Mi querida furcia  La gente se preguntaba y...